Psicotrading: El miedo a perder, aversión a la pérdida

Hasta hace relativamente poco tiempo hemos creído que éramos muy buenos tomando decisiones relativas a las inversiones atendiendo a nuestra aversión a la pérdida. Pero que muy buenos. No obstante, nos hemos sorprendido al descubrir que al final no es que seamos buenos tomando decisiones financieras sino que somos muy malos, pero que muy malos. Lejos del Homo Economics que Darwin definiría resulta que hemos sido creados “según nuestro género” como define el libro de Génesis. No obstante, hecho a imagen y semejanza, en cuanto a decisiones de inversión se refiere, de un bebé sin criterio presa de lo que en ese momento nos apetece.

«Un tonto y su dinero no estarán mucho tiempo juntos»

Y es que nos hemos creído muy capaces de intervenir en los mercados como si tuviéramos un gen que nos hiciera tomar la mejor decisión en cada momento. Adam Smith decía que el mercado es capaz de regularse a si mismo ya que cada agente defendería sus intereses, promoviendo el interés común y corrigiendo así las posibles ineficiencias que se generaban (al igual que una fila más corta que otra dura poco en un supermercado, ya que otros clientes se incorporarán a la misma al poco tiempo corrigiendo la ineficiencia).

Gordon Gekko en «Wall Street» decía que la codicia es buena, como si esto fuera algo útil al tomar decisiones (aunque también dijo que «un tonto y su dinero no estarán mucho tiempo juntos»).

Gordon Gekko, aversión a la pérdida
Gordon Gekko, Wall Street

Otros defendían la teoría del mercado eficiente. Y tantos otros, personajes ficticios o no, han defendido que el comportamiento que tenemos en el mercado todos los agentes económicos incluida mi abuela (como decía Daniel Lacalle, nuestra abuela al contratar un plan de pensiones es una parte del mercado más), actuarán siempre a favor de sus intereses. Pero ¿es verdad esto? Como el tiempo ha ido demostrando y las sucesivas crisis económicas han enseñado, no es verdad que elijamos la mejor opción cuando hablamos de finanzas. De hecho, parece que mostramos ciertos sesgos que nos hacen tomar malas decisiones de una forma recurrente.

De hecho, el reciente premio Nobel de economía, Richard H. Thaler, es uno de los padres de esta economía del comportamiento. Thaler ha puesto muchos esfuerzos en demostrar que la psicología tiene un papel importante en la economía. Tanto es así que otros pesos pesados de este campo, Robert J. Shiller y George Akerlof, recientemente hacían una dura crítica al capitalismo en su libro “La economía de la manipulación”, en el cual defienden que aquellos que tienen poder sobre los consumidores o inversores minoritarios crean entornos en los que, bien sea por en simple engaño o por medio de explotar estos sesgos de los que hablamos, para manipularles ocasionando que estos tomen malas decisiones para sus intereses, a pesar de que crean lo contrario. Muy recomendable su lectura.

Aversión a la pérdida

El sesgo del que te quiero hablar hoy es el que se ha llamado “aversión a la pérdida”. Esto es, del miedo a perder. De hecho, podemos definir la aversión a la pérdida como la preferencia a no perder antes que ganar.

Como vemos, en nuestras decisiones evidenciamos una asimetría en la cual a pesar de que las probabilidades jueguen a nuestro favor, vamos a tender a elegir la opción que desarrolle este sesgo, la opción en la que mi miedo a perder sea mayor que mi deseo de ganar. Tomando así malas decisiones para nuestros intereses.

El dolor a perder es mucho mayor que la satisfacción de ganar. Mucho cuidado, porque puede que estemos dejando pasar oportunidades ganadoras por este sesgo.

Para saber de que estamos hablando veamos un juego, ¿tienes una moneda a mano?

Bueno, si la moneda no está trucada la probabilidad de que salga cara o cruz, es del 50%. Por lo tanto, ya podemos tomar decisiones basadas en datos. Esto es, tenemos un “sistema de trading” que me dará ganancias en la mitad de los casos y pérdidas en la otra mitad. Es lo que podemos esperar en una tirada puntual o en una muestra amplia, teniendo en cuenta las series consecutivas de caras o cruces que podríamos esperar en momentos puntuales. Así que 50% de probabilidad de éxito.

¿Jugamos?

Vamos a lanzar la moneda, pero antes debes saber que te propongo unas reglas. Si sale cara debes pagarme 100 euros. ¿OK? Déjame que te explique el juego, no pienses que te quiero sacar el dinero. Si tu ganas, sale cruz, yo te daré 100 euros. ¿OK? Esto es un juego equilibrado. Mi pregunta es. ¿Cuál es la cantidad mínima de dinero que exigirías ganar para que fuera atractivo el juego?

Si pensamos en probabilidades, ante un juego con esperanza matemática del 50%, esto es, podríamos acabar el juego con 100 euros más o menos con la misma probabilidad, si este juego fuera eterno y cada día jugáramos a el deberíamos acabar con el mismo capital, debería darnos igual jugar o no. Ya que a medio plazo, pensando en probabilidades, nuestro capital no variaría. Pero te hago de nuevo la pregunta ¿cuánto dinero exigirías ganar para que fuera interesante jugar?

Alguien podría decir. Bueno, con ganar 105 euros mientras que en caso de pérdida siguiéramos perdiendo 100 euros, ya tendríamos esos 5 euros de ganancia de más en cada tirada ganadora, por los que eso ya sería una buena cifra. Si alguien te dice eso, no vale con que le consultes a Siri (debes saber que es un robot, no una secretaria personal esperando tu consulta), te pido que le entretengas mientras llamas a la policía para que se lo lleven y le examinen. Porque no es lo habitual.

¿Cuál es la cantidad media que se suele exigir? Ni más ni menos que 200 euros de posible ganancia frente a 100 euros de pérdida en caso de enfrentarnos a la tirada perdedora. ¿Que quiere decir esto? Pues que desde 101, que sería la cantidad con la que el juego empezaría a ser ganador, hasta 199 euros, ya que se aceptó la cantidad finalmente de 200, habríamos rechazado juegos ganadores debido a este sesgo. Si hubiéramos pensado únicamente en probabilidades habríamos aceptado el juego con que nos hubieran ofrecido jugar ganando poco más de 100 euros. No obstante, no lo hicimos y tomamos malas decisiones para nuestras finanzas.

¿Lección?

El dolor a perder es mucho mayor que la satisfacción de ganar. Mucho cuidado, porque puede que estemos dejando pasar oportunidades ganadoras por este sesgo.

¿No me crees todavía? Te animo a que veas el video y puedas jugar al segundo juego que te planteo.